Durante miles de años, pequeñas tablillas de arcilla conservaron leyes, transacciones, rituales y relatos políticos de las primeras civilizaciones mesopotámicas. Pero muchas llegaron al presente rotas, erosionadas o con signos casi imposibles de leer. Ahora, una herramienta de inteligencia artificial creada por investigadores alemanes promete cambiar la forma en que los especialistas descifran esos documentos antiguos.
Una máquina entrenada para leer escritura cuneiforme
El sistema se llama Palaeographicum y fue diseñado para analizar imágenes digitalizadas de tablillas escritas en cuneiforme, uno de los sistemas de escritura más antiguos conocidos. Esta forma de escritura surgió hace más de 5.000 años en Mesopotamia y se realizaba presionando marcas en forma de cuña sobre arcilla húmeda.
El problema es que el paso del tiempo dejó muchas inscripciones dañadas. Algunas tablillas se rompieron, otras sufrieron incendios, erosión o desgaste natural. En ciertos casos, los signos apenas pueden distinguirse a simple vista, lo que obliga a los especialistas a pasar años comparando fragmentos, estilos de escritura y posibles lecturas.
La nueva herramienta busca acelerar ese proceso. Actualmente trabaja con una base de datos de más de 5 millones de caracteres conservados en unas 70.000 imágenes de tablillas. A partir de ese material, la inteligencia artificial aprende a reconocer patrones, comparar variantes paleográficas y sugerir interpretaciones posibles.

El texto oculto en una tablilla de 3.000 años
Gracias a este sistema, los investigadores lograron identificar un texto de aproximadamente 3.000 años de antigüedad en una antigua tablilla mesopotámica. La IA pudo detectar caracteres muy desgastados, algunos prácticamente invisibles para el ojo humano, y proponer lecturas basadas en patrones similares encontrados en otros documentos.
El avance no reemplaza el trabajo de los arqueólogos ni de los especialistas en lenguas antiguas, pero les ofrece una herramienta poderosa. En lugar de revisar manualmente miles de signos dispersos, los investigadores pueden apoyarse en el modelo para filtrar posibilidades, comparar estilos y reconstruir fragmentos con mayor rapidez.
Según Daniel Schwemer, de la Universidad de Würzburg, el impacto ya es considerable, porque permite ahorrar miles de horas de trabajo. Esa reducción de tiempo puede ser decisiva en un campo donde muchas piezas permanecen sin estudiar durante décadas por falta de recursos humanos especializados.
Una nueva etapa para la arqueología
El proyecto nació a partir de CuKa, una iniciativa desarrollada entre 2018 y 2023 con financiación de la Fundación Alemana de Investigación. Durante ese periodo, expertos en filología anotaron manualmente miles de ejemplos para entrenar al modelo. Ese trabajo previo fue clave para que la IA pudiera distinguir signos incompletos, estilos de escribas y variaciones propias de diferentes épocas.
Además de facilitar la lectura, Palaeographicum también ayuda a conservar el patrimonio. Muchos documentos antiguos son frágiles y no pueden manipularse constantemente. Trabajar con imágenes de alta resolución reduce riesgos y permite que investigadores de distintos países accedan al material sin mover las piezas originales.
La herramienta sigue en desarrollo y sus responsables continúan actualizando el entrenamiento para mejorar la precisión. Pero el mensaje ya es claro: la inteligencia artificial no solo sirve para mirar hacia el futuro. También puede abrir puertas hacia el pasado, recuperando voces escritas hace milenios que parecían perdidas bajo el polvo, las grietas y el silencio de la historia.
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