Uno de los grandes misterios de la astronomía moderna es entender cómo pudieron formarse agujeros negros supermasivos tan pronto después del Big Bang. Las observaciones muestran que ya existían objetos de enorme masa cuando el universo era muy joven, pero explicar cómo crecieron tan rápido sigue siendo un desafío.
Ahora, el telescopio espacial James Webb aportó una de las pistas más interesantes hasta el momento. La NASA informó que Webb obtuvo el espectro más detallado de un objeto conocido como GLIMPSE-17775, uno de los llamados “pequeños puntos rojos” detectados en el universo temprano.
Qué son los pequeños puntos rojos
Los pequeños puntos rojos son objetos compactos, lejanos y muy brillantes que comenzaron a llamar la atención desde las primeras observaciones del James Webb. Aparecen en imágenes del universo primitivo como fuentes rojizas de luz, demasiado pequeñas y luminosas para explicarse fácilmente con los modelos tradicionales.
Durante los últimos años, los astrónomos propusieron varias hipótesis para explicar su naturaleza. Una posibilidad es que sean galaxias jóvenes con intensa formación estelar. Otra, cada vez más considerada, es que escondan agujeros negros de rápido crecimiento.
En este segundo escenario, el agujero negro estaría rodeado por una densa envoltura de gas parcialmente ionizado. Ese gas absorbería y reprocesaría la radiación emitida por el material que cae hacia el agujero negro, generando el brillo rojizo observado por Webb.
El caso GLIMPSE-17775
GLIMPSE-17775 se encuentra detrás del cúmulo de galaxias Abell S1063 y existió cuando el universo tenía unos 1.800 millones de años. Gracias al efecto de lente gravitacional del cúmulo, su luz fue amplificada, lo que permitió obtener una observación mucho más detallada.
El James Webb registró más de 40 líneas espectrales en este objeto, una cantidad excepcional para un pequeño punto rojo. Ese espectro funciona como una especie de huella química y física: permite identificar qué elementos están presentes, cómo se mueve el gas y qué tipo de fuente de energía podría estar alimentando el brillo.
Los datos muestran señales compatibles con un agujero negro supermasivo en crecimiento, oculto dentro de un capullo de gas caliente y denso. Este modelo se conoce como “estrella de agujero negro”, aunque no se trata de una estrella común, sino de un agujero negro rodeado por una envoltura gaseosa que modifica la luz que emite.
La pregunta de fondo: qué nació primero
El hallazgo vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta clave: ¿aparecieron primero las galaxias o los agujeros negros supermasivos?
Durante mucho tiempo, el escenario más aceptado sugería que las galaxias se formaban primero y que, dentro de ellas, los agujeros negros crecían lentamente. Pero los objetos descubiertos por Webb en el universo temprano complican esa idea, porque parecen demasiado masivos para haberse desarrollado de forma gradual en tan poco tiempo.
Si algunos pequeños puntos rojos son realmente agujeros negros envueltos en gas, eso podría indicar una fase temprana de crecimiento muy eficiente. Incluso abre la posibilidad de que ciertos agujeros negros hayan actuado como semillas gravitacionales alrededor de las cuales luego se formaron galaxias.
Una pista fuerte, pero no la respuesta final
El caso de GLIMPSE-17775 no cierra el debate, pero sí fortalece una explicación que gana terreno. Las líneas de hidrógeno, oxígeno, helio y hierro observadas por Webb apuntan a un entorno denso y energético, coherente con un agujero negro en rápida acreción.
La NASA subraya que todavía existen otras teorías posibles y que harán falta más observaciones para confirmar qué son exactamente estos pequeños puntos rojos. Sin embargo, el hallazgo marca un avance importante porque reúne varias piezas que hasta ahora estaban dispersas.
Si se confirma, estos objetos podrían ayudar a explicar cómo nacieron los primeros agujeros negros supermasivos del cosmos. Y también podrían cambiar nuestra forma de entender la historia temprana del universo: tal vez, en algunos casos, los agujeros negros no fueron el resultado final de las galaxias, sino uno de sus primeros motores.
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