Una señal escondida alrededor de la Vía Láctea

La Vía Láctea no siempre habría estado orientada de la misma manera. Un análisis presentado por astrónomos de la Universidad de Durham sugiere que su disco, la estructura plana donde se concentra la mayoría de las estrellas, pudo girar más de 90 grados durante las primeras etapas de su evolución.

La hipótesis surgió al intentar explicar una característica desconcertante detectada gracias a la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea: el halo estelar que rodea nuestra galaxia gira muy lentamente. Esta región es mucho más extensa y menos densa que el disco, y contiene numerosas estrellas procedentes de antiguas galaxias absorbidas por la Vía Láctea.

Para buscar una explicación, los investigadores analizaron 25 galaxias parecidas a la nuestra incluidas en las simulaciones cosmológicas Auriga. Los modelos permiten seguir durante miles de millones de años cómo crecen las galaxias, cómo incorporan materia y qué ocurre cuando chocan con otras estructuras.

Una colisión frontal cambió su orientación

Los resultados mostraron que las galaxias con halos estelares de rotación más lenta compartían dos características. Todas habían sufrido una gran colisión frontal y, además, su disco había experimentado un cambio de orientación superior a los 90 grados.

La Vía Láctea encaja en ese escenario porque hace entre 10.000 y 11.000 millones de años chocó con una galaxia enana conocida como Gaia-Salchicha-Encélado. La colisión fue uno de los acontecimientos más importantes de su historia temprana y dejó miles de millones de estrellas moviéndose en órbitas muy alargadas.

Kirill Batrakov, investigador principal del trabajo, sostiene que esta combinación permite plantear que el disco de la Vía Láctea también sufrió un giro drástico. Sin embargo, se trata de una inferencia obtenida mediante simulaciones y observaciones actuales, no de una medición directa de aquel movimiento ocurrido en el pasado.

La estructura actual de la galaxia sería, por lo tanto, el resultado de un proceso mucho más violento y cambiante de lo que su apariencia ordenada podría sugerir.

Las huellas permanecen en el halo estelar

La mayoría de las estrellas visibles de la Vía Láctea se encuentran en su disco espiral. Alrededor de él existe un halo casi esférico formado por estrellas antiguas, muchas de las cuales pertenecieron originalmente a galaxias más pequeñas.

La colisión con Gaia-Salchicha-Encélado llenó parte de ese halo con estrellas y también contribuyó a formar el disco grueso de la Vía Láctea. Sus movimientos actuales funcionan como una especie de registro fósil que permite reconstruir acontecimientos ocurridos miles de millones de años atrás.

Según las simulaciones, un choque frontal puede alterar profundamente la dirección del momento angular de una galaxia. El nuevo gas que llega después de la fusión comienza a girar siguiendo otra orientación y, con el tiempo, forma un disco diferente al que existía antes del impacto.

El giro no significa que la galaxia se diera vuelta instantáneamente como un objeto sólido. Habría sido un proceso gradual en el que cambiaron las direcciones dominantes del gas, las estrellas y el material que continuó incorporándose.

Una nueva pista sobre la materia oscura

El equipo también encontró una relación entre la rotación del halo estelar y la del halo de materia oscura. Esta sustancia invisible no emite luz, pero representa una parte fundamental de la masa de las galaxias y condiciona el movimiento de sus estrellas.

La conexión sugiere que ambos halos pudieron evolucionar juntos mientras la Vía Láctea absorbía galaxias satélite. Estudiar la velocidad y dirección de las estrellas más antiguas podría ayudar a deducir indirectamente cómo se mueve la materia oscura que las rodea.

Aunque los investigadores mencionan que un giro del disco modifica las trayectorias de sus estrellas, la gran colisión ocurrió mucho antes de la formación del Sol. El Sistema Solar nació hace unos 4.600 millones de años, mientras que la fusión con Gaia-Salchicha-Encélado se produjo aproximadamente 10.000 millones de años atrás.

El hallazgo muestra que la aparente estabilidad de la Vía Láctea esconde una historia de impactos, absorciones y movimientos extremos. Lo que hoy observamos como una galaxia espiral ordenada podría ser el resultado de uno de los giros más drásticos de su evolución.

Fuente: Infobae.

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