Cada vez resulta más difícil observar el cielo nocturno sin que algún satélite atraviese el campo de visión de un telescopio. El crecimiento de constelaciones como Starlink y los planes para lanzar decenas de miles de nuevas naves durante los próximos años están creando un problema inesperado para la astronomía: los satélites reflejan la luz del Sol y producen destellos y estelas que pueden ocultar objetos mucho más débiles, desde galaxias extremadamente lejanas hasta pequeños asteroides.

Una investigación liderada por científicos de la Universidad de Surrey propone una solución aparentemente sencilla: si los satélites reflejan demasiada luz, quizás bastaría con hacerlos mucho más oscuros. Para comprobarlo, el equipo analizó Vantablack 310, uno de los recubrimientos más negros desarrollados hasta ahora y un material diseñado para absorber prácticamente toda la radiación visible que recibe.

Los resultados, publicados en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, muestran que un satélite cubierto con este material podría ser considerablemente menos visible desde la Tierra y acercarse a los límites de brillo recomendados por los astrónomos.

El negro más negro de la ciencia podría resolver uno de los grandes problemas de los satélites
StarVanta – Youtube.

Un recubrimiento que solo refleja alrededor del 2% de la luz

Vantablack 310 está diseñado para soportar las condiciones del espacio y, según las pruebas realizadas por los investigadores, refleja únicamente alrededor del 2% de la luz incidente. Además, la pequeña cantidad que consigue escapar no se refleja de manera concentrada, sino difusa, lo que reduce los destellos intensos que suelen aparecer cuando la luz solar golpea determinadas superficies de un satélite.

Al observar el material bajo el microscopio, los científicos encontraron una estructura que recuerda ligeramente a un coral, formada por numerosos huecos microscópicos en los que la luz entra y queda atrapada mediante múltiples reflexiones internas antes de ser absorbida.

Esta propiedad permitió obtener resultados bastante próximos a los que recomienda la Unión Astronómica Internacional. En las simulaciones, un satélite recubierto con Vantablack 310 alcanzó en el peor escenario una magnitud aparente de aproximadamente 6,7, mientras que el objetivo recomendado para reducir las interferencias astronómicas está alrededor de 7. Cuanto mayor es esa cifra, más tenue aparece el objeto.

Un satélite Starlink convencional utilizado como referencia presentaba una magnitud cercana a 3,7, por lo que era considerablemente más brillante.

La preocupación por este problema no es nueva. SpaceX probó anteriormente diferentes estrategias para disminuir el brillo de sus satélites, entre ellas DarkSat, que utilizaba superficies más oscuras, y VisorSat, que incorporaba una especie de visera destinada a impedir que determinadas zonas reflejaran directamente la luz solar hacia la Tierra.

Ambos sistemas consiguieron reducir parcialmente la luminosidad, pero no hasta los niveles deseados por la comunidad astronómica. Una de las ventajas de Vantablack 310 es que no necesita mecanismos móviles ni grandes modificaciones estructurales, ya que podría aplicarse directamente como un cambio en los materiales exteriores de determinadas partes del satélite.

La cuestión cobra especial importancia a medida que aumenta el tráfico orbital. Actualmente existen más de 14.000 satélites alrededor de la Tierra, según cifras citadas por los investigadores, mientras algunas previsiones contemplan alrededor de 60.000 para 2030.

La prueba definitiva será hacerlo funcionar en el espacio

El siguiente paso será comprobar si el recubrimiento mantiene sus propiedades fuera del laboratorio. Vantablack 310 viajará a bordo de Jovian-1, un pequeño satélite desarrollado por las universidades de Surrey, Portsmouth y Southampton, donde podrá estudiarse su comportamiento bajo radiación, vacío y fuertes variaciones térmicas.

Los propios investigadores advierten que los resultados actuales solo evalúan sus propiedades ópticas. Todavía es necesario determinar cómo afecta el material a la temperatura del satélite, cuánto tiempo conserva sus características y si puede integrarse de manera segura en una nave completa.

Además, incluso si el experimento tiene éxito, pintar los satélites de negro únicamente solucionaría una parte del problema. Seguirían existiendo miles de objetos físicos orbitando la Tierra, con riesgos asociados a colisiones y generación de basura espacial.

Vantablack 310 no hará desaparecer los satélites, pero podría conseguir algo bastante útil para la astronomía: que estén ahí arriba sin ocultarnos una parte cada vez mayor del universo que intentamos observar detrás de ellos.

Fuente: Xataka.

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