Las plantas con flores dominan actualmente buena parte de los ecosistemas terrestres, pero su origen continúa siendo uno de los grandes enigmas de la evolución. Durante décadas, las evidencias fósiles más aceptadas situaron su gran aparición durante el Cretácico, hace alrededor de 130 o 140 millones de años. Ahora, una pequeña pieza encontrada en China podría llevar esa historia muchísimo más atrás.
El fósil fue descubierto en la Formación Shanxi, en el norte de China, dentro de rocas fechadas entre aproximadamente 295 y 298,9 millones de años. Es decir, pertenece al Pérmico temprano, mucho antes de los dinosaurios y más de 100 millones de años antes de las evidencias clásicas de angiospermas.
Los investigadores lo bautizaron Permocarpelloides shuozhouensis y creen que conserva una característica especialmente importante: estructuras reproductoras en cuyo interior podrían existir óvulos o semillas completamente encerrados.

Tres estructuras de apenas unos milímetros esconden la clave
El fósil no impresiona por su tamaño. Está compuesto por tres estructuras alargadas dispuestas aproximadamente en paralelo, cada una de apenas unos milímetros. En su interior aparecen varios cuerpos redondeados de tamaños diferentes que los autores interpretan como óvulos o semillas en distintas fases de desarrollo.
Para comprobar qué había realmente dentro, el equipo utilizó microtomografía computarizada, una técnica que permite reconstruir tridimensionalmente el interior de un fósil sin destruirlo. Las imágenes mostraron que aquellos cuerpos parecían encontrarse encerrados dentro de las estructuras externas.
Ese detalle resulta crucial porque una de las características que definen a las angiospermas, el enorme grupo al que pertenecen las plantas con flores, es precisamente que sus óvulos permanecen protegidos dentro de un carpelo. En las gimnospermas, como las coníferas, las semillas presentan una organización reproductiva diferente.
Los científicos proponen que las tres estructuras de Permocarpelloides podrían haber formado parte de un único aparato reproductor compuesto por carpelos separados, una organización que todavía existe en algunos grupos actuales de plantas con flores.
Si están en lo cierto, habría que retrasar enormemente su origen
La interpretación es extraordinaria precisamente por la edad del fósil. El Cretácico comenzó hace unos 145 millones de años, mientras que Permocarpelloides supera los 295 millones. Confirmar que se trata realmente de una angiosperma supondría extender su historia conocida en más de 100 millones de años.
Además, no sería un caso aislado. El equipo encabezado por Xin Wang ya había propuesto otros fósiles del Pérmico temprano como posibles plantas con flores. Si varias de estas identificaciones fueran correctas, significaría que las angiospermas no solo existían entonces, sino que ya habían comenzado a diversificarse en diferentes formas.
Sin embargo, aquí aparece la principal cautela. Determinar las relaciones evolutivas de una planta a partir de fósiles incompletos resulta extremadamente difícil y las supuestas angiospermas anteriores al Cretácico han generado fuertes debates entre paleobotánicos.
Los propios autores analizaron otras posibilidades, como que las estructuras pertenecieran a coníferas, helechos con semilla u otros grupos extinguidos. Según su interpretación, ninguna alternativa conocida explica completamente la combinación observada, aunque reconocen que nuevos estudios podrían modificar su clasificación.
Un fósil pequeño con una pregunta enorme
Por ahora, Permocarpelloides shuozhouensis no puede considerarse definitivamente la planta con flores más antigua conocida. Lo que sí ofrece es una pieza excepcionalmente antigua con una anatomía que merece ser investigada con detalle.
Si futuras evidencias confirman que aquellas pequeñas estructuras eran realmente carpelos con semillas u óvulos encerrados, la evolución de las plantas con flores tendría que comenzar muchísimo antes de lo que indica el registro fósil tradicional.
Una pieza de apenas unos milímetros podría así obligar a reescribir cientos de millones de años de historia vegetal.
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