Un gigantesco imán toma forma en el sur de Francia
En las instalaciones de ITER, en Cadarache, se levanta ya una estructura difícil de pasar por alto. Se trata del solenoide central, uno de los imanes superconductores más potentes jamás construidos y una pieza imprescindible del enorme reactor experimental de fusión que un grupo internacional de países está construyendo en Francia.
El pasado 23 de junio, los técnicos colocaron el sexto y último módulo sobre la estructura, completando así el apilamiento principal del gigantesco imán. Todavía quedan trabajos técnicos antes de trasladarlo a su posición definitiva dentro del tokamak, pero el proyecto ha alcanzado uno de sus hitos más importantes.
Una fuerza capaz de levantar un portaaviones
Las cifras ayudan a comprender la magnitud del dispositivo. Una vez terminado con toda su estructura, el solenoide medirá unos 18 metros de altura, alrededor de cuatro metros de ancho y pesará aproximadamente 1.000 toneladas.
En su interior podrá generar un campo magnético máximo de 13 teslas, unas 280.000 veces la intensidad del campo magnético terrestre. Según General Atomics, responsable de fabricar los módulos en Estados Unidos, las fuerzas generadas serían suficientes, en términos equivalentes, para levantar un portaaviones varios metros sobre el agua.
Pero semejante potencia no tiene como objetivo batir ningún récord. El solenoide tendrá una función fundamental: ayudar a iniciar y mantener una enorme corriente eléctrica dentro del plasma de ITER.

El enorme reto de mantener una estrella artificial
La fusión nuclear intenta reproducir un proceso similar al que alimenta al Sol y otras estrellas. En lugar de dividir átomos pesados, como ocurre en las centrales nucleares de fisión, busca fusionar núcleos ligeros para liberar grandes cantidades de energía.
El problema es que para conseguirlo es necesario mantener un plasma extremadamente caliente y controlarlo sin que entre en contacto directamente con las paredes del reactor.
Ahí entra en juego el complejo sistema de imanes de ITER. El solenoide central actuará como una especie de enorme transformador electromagnético que ayudará a inducir una corriente de hasta 15 millones de amperios en el plasma durante pulsos de varios minutos.
Los diferentes campos magnéticos del tokamak deberán trabajar conjuntamente para mantener ese plasma confinado dentro de una cámara con forma de rosquilla.
ITER no será una central eléctrica
A pesar de su tamaño, ITER no está diseñado para suministrar electricidad a hogares o industrias. La energía térmica generada durante sus experimentos será evacuada mediante sistemas de refrigeración.
Su objetivo es demostrar que la fusión puede mantenerse a gran escala y proporcionar los conocimientos necesarios para desarrollar futuras centrales capaces de transformar esa energía en electricidad.
La tecnología tampoco está completamente libre de residuos radiactivos. Aunque la fusión no genera los residuos de alta actividad y larga vida característicos de la fisión, los neutrones producidos pueden activar materiales del reactor, que deberán ser tratados y almacenados.
Un proyecto internacional gigantesco
ITER reúne actualmente a 33 países, organizados alrededor de siete miembros: la Unión Europea, China, India, Japón, Corea del Sur, Rusia y Estados Unidos.
Si sus experimentos consiguen demostrar que la fusión puede controlarse de forma eficiente y sostenida, los conocimientos obtenidos podrían convertirse en uno de los pasos fundamentales hacia futuras centrales de fusión.
Por ahora, el gigantesco imán de Cadarache no está produciendo energía ni creando un pequeño Sol. Pero sus 1.000 toneladas y sus 13 teslas estarán en el centro de uno de los experimentos científicos más ambiciosos jamás construidos para intentar conseguirlo.
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