Cada 30 de junio celebramos el Día del Asteroide, una fecha que no solo conmemora impactos pasados, sino que nos invita a mirar al cielo con respeto y atención. Lejos de ser un simple recordatorio, es una oportunidad para reconocer la labor científica que vigila silenciosamente los cielos y nos protege frente a posibles amenazas. A continuación, repasamos los objetos más vigilados y los criterios que los hacen tan especiales.


Asteroides bajo vigilancia: entre la ciencia y la precaución

Aunque la mayoría de los asteroides que atraviesan las cercanías terrestres son inofensivos, hay un puñado que recibe atención constante por su tamaño, su trayectoria o la incertidumbre en sus movimientos. La NASA y la ESA trabajan sin descanso para detectar posibles riesgos futuros, por pequeños que sean. No se trata de alarmismo, sino de prevención a largo plazo, porque incluso una baja probabilidad merece ser estudiada.

El misterioso desfile cósmico: los asteroides que siguen inquietando a la ciencia
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Entre los cuerpos más vigilados están tres asteroides bien conocidos por la comunidad científica: Bennu, 2001 WN5 y Apophis. Cada uno presenta características únicas que lo convierten en objeto de análisis continuo. La ciencia ha demostrado que conocer de cerca su comportamiento orbital mejora enormemente la precisión de las predicciones.


Bennu, 2001 WN5 y Apophis: distintos orígenes, mismas inquietudes

Bennu, de unos 500 metros, fue visitado por la sonda OSIRIS-REx, que trajo muestras en 2023. Su probabilidad de impacto es extremadamente baja, pero es el asteroide con mayor riesgo calculado para los próximos 300 años.

2001 WN5, más grande que Bennu, se acercará en 2028 a solo 248.000 km de la Tierra. Aunque su trayectoria no representa un peligro inmediato, las escasas observaciones disponibles hacen que su órbita a largo plazo aún genere incertidumbre.

Apophis, por su parte, causó revuelo en 2004 tras sugerencias de un posible impacto en 2029. Hoy, ese riesgo está descartado, pero su próximo paso cercano —a solo 31.000 km— será clave para observar en tiempo real cómo la gravedad terrestre puede alterar su camino.


Nuevos nombres en la lista: 2024 YR4 y el riesgo emergente

El misterioso desfile cósmico: los asteroides que siguen inquietando a la ciencia
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Descubierto recientemente, 2024 YR4 generó preocupación inicial por una potencial colisión en 2032. Aunque esa posibilidad ya fue descartada, su tamaño y la incertidumbre inicial lo llevaron a ser notificado a organismos internacionales de defensa planetaria.

Este objeto, de entre 53 y 67 metros, ilustra cómo incluso los cuerpos menores pueden representar un riesgo si su trayectoria no se conoce con precisión. Las nuevas observaciones del Telescopio James Webb han reducido esa incertidumbre, pero no lo han sacado del todo del radar.


Medir la amenaza: escalas y criterios científicos

La NASA clasifica como potencialmente peligrosos a los asteroides de más de 150 metros que pueden acercarse a menos de 0,05 unidades astronómicas de la Tierra.

Para valorar el riesgo real, los astrónomos usan la Escala de Palermo, que calcula la probabilidad de impacto teniendo en cuenta la energía y el momento del posible choque, y la Escala de Torino, diseñada para comunicar al público los niveles de amenaza en una escala del 0 al 10, con colores asociados.

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