Patatas fritas, refrescos, galletas: los ultraprocesados han ganado fama de villanos en la mesa. Gobiernos y expertos plantean impuestos, etiquetas de advertencia e incluso prohibiciones cerca de colegios. Pero ¿qué hay de verdad detrás de esta demonización? Una investigación con más de 3.000 personas sugiere que lo que realmente impulsa a comer de más no es solo el procesado de los alimentos, sino nuestras creencias y cómo percibimos su sabor.
El verdadero motor del exceso: placer y percepción
El estudio reveló una distinción clave: no es lo mismo que un alimento nos guste a que nos lleve a comer en exceso. La avena, por ejemplo, agrada a muchos pero rara vez provoca atracones; el chocolate o las galletas, en cambio, despiertan un consumo difícil de frenar.
Los participantes calificaron más de 400 alimentos según su atractivo y la probabilidad de comerlos en exceso. Los resultados mostraron que los productos calóricos y bajos en fibra aumentaban esa tendencia, pero también que las percepciones subjetivas —como considerarlos dulces, grasos o “muy procesados”— eran determinantes.

El papel limitado de la etiqueta “ultraprocesado”
Aunque el sistema Nova clasifica los alimentos según su grado de procesamiento, la investigación mostró que esta etiqueta apenas explica el gusto o la probabilidad de atracón. Una vez considerados los nutrientes y las percepciones, el factor “ultraprocesado” aportaba menos del 4% de diferencia.
Esto significa que la etiqueta por sí sola no predice si un alimento será devorado sin control. Algunos ultraprocesados, como cereales enriquecidos o barritas proteicas, pueden incluso ser útiles para personas con necesidades específicas.
Más allá del mito: qué hace que comamos de más
Los alimentos más propensos a generar atracones suelen ser ricos en grasa y carbohidratos, bajos en fibra y altamente calóricos. Pero igual de importante es cómo los percibimos. Creer que algo es “adictivo” o “poco saludable” puede aumentar las ganas de comerlo.
El estudio logró predecir hasta el 78% de los patrones de sobreconsumo combinando datos nutricionales y percepciones. En otras palabras, la psicología pesa tanto como la biología.

Hacia un enfoque más inteligente en nutrición
Los investigadores proponen superar la demonización simplista de los ultraprocesados. Las medidas deberían enfocarse en:
- Educación alimentaria: enseñar a reconocer qué alimentos sacian de verdad y cuáles disparan los antojos.
- Reformulación consciente: diseñar productos agradables pero más nutritivos, en lugar de snacks hiperpalatables.
- Comprensión del comportamiento: aceptar que comemos por placer, costumbre y emociones, no solo por hambre.
La conclusión: no todo lo envasado es enemigo
El problema no es que un alimento venga en un paquete, sino su composición y cómo lo percibimos. Agrupar todos los ultraprocesados como dañinos puede confundir y hasta alejar a la gente de opciones beneficiosas. Comprender la complejidad del comportamiento alimentario nos permitirá diseñar dietas más equilibradas, sin necesidad de demonizar ni caer en extremos.
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