Sin embargo, nuevas mediciones de campo en la Antártida Occidental cuestionan seriamente esa hipótesis optimista.
Un equipo de la Universidad Rutgers-New Brunswick ha descubierto que el agua de deshielo aporta mucho menos hierro del que asumían numerosos modelos climáticos. Y lo más relevante: la mayor parte del hierro detectado en la zona no procede del hielo que se derrite.
De la teoría a los datos reales
La investigación se centró en la plataforma de hielo Dotson, en el mar de Amundsen. En esta región, aguas profundas relativamente cálidas penetran bajo las plataformas flotantes y provocan su fusión desde abajo.
En 2022, el equipo recolectó muestras en dos puntos clave:
- Donde el agua oceánica entra en la cavidad bajo la plataforma.
- Donde esa agua sale tras mezclarse con el agua de deshielo.
El objetivo era medir cambios reales en la concentración de hierro, en lugar de basarse únicamente en simulaciones.
Durante años se asumió que el derretimiento subglacial aportaba cantidades significativas de hierro biodisponible, actuando como un mecanismo natural de fertilización oceánica. Pero los resultados muestran que el hierro transportado por el agua de deshielo es varias veces menor de lo estimado previamente.


¿De dónde proviene realmente el hierro?
El análisis distinguió entre hierro disuelto y hierro asociado a partículas, además de utilizar firmas isotópicas para rastrear su origen.
La distribución observada fue clara:
- 62 % del hierro disuelto proviene de aguas oceánicas profundas.
- 28 % procede de sedimentos de la plataforma continental.
- Solo alrededor del 10 % está asociado directamente al agua de deshielo.
En otras palabras, aproximadamente el 90 % del hierro que sale de la cavidad bajo la plataforma no proviene del hielo que se derrite.
Los datos isotópicos sugieren además que gran parte del hierro liberado se origina en la disolución del lecho rocoso bajo el glaciar. En esa zona, la combinación de agua líquida y bajo contenido de oxígeno favorece la liberación de hierro desde los sedimentos y la roca, no desde el hielo en sí.
Implicaciones para los modelos climáticos
La idea de que el deshielo antártico podría compensar parcialmente el calentamiento global mediante una fertilización natural del océano pierde fuerza con estos resultados.
Si el aporte de hierro del agua de deshielo es mucho menor de lo previsto, los modelos climáticos podrían estar sobrestimando este posible efecto mitigador.
Eso no significa que el hierro deje de desempeñar un papel importante en el Océano Austral. El fitoplancton sigue dependiendo de este nutriente esencial para crecer y capturar CO₂. Pero el mecanismo dominante no parece ser el derretimiento de las plataformas de hielo, sino la interacción entre aguas profundas y sedimentos.
Un recordatorio sobre la complejidad del sistema climático
El estudio subraya un punto clave: el sistema climático es extremadamente complejo, y las suposiciones teóricas necesitan contrastarse con datos directos.
El deshielo antártico continúa siendo una señal alarmante del calentamiento global, especialmente por su contribución al aumento del nivel del mar. Lo que ahora queda más claro es que su supuesto “lado positivo” en forma de fertilización masiva por hierro podría haber sido exagerado.
Y eso obliga a revisar cuidadosamente cómo entendemos —y modelizamos— la relación entre hielo, océano y atmósfera.
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