La imagen clásica del tiburón como amenaza empieza a tener una lectura inesperada. En lugar de ser solo uno de los depredadores más temidos del océano, ahora también puede convertirse en una herramienta científica para entender mejor el clima. Un estudio publicado en npj Climate and Atmospheric Science muestra que los tiburones equipados con sensores pueden aportar datos valiosos en zonas oceánicas donde los instrumentos tradicionales no siempre llegan.
Animales que llegan donde fallan los instrumentos
Los modelos climáticos dependen de datos directos del océano para funcionar con precisión. El problema es que muchas regiones clave, como frentes oceánicos, remolinos y zonas de corrientes cambiantes, siguen teniendo grandes vacíos de información. Justamente allí es donde los tiburones suelen moverse con naturalidad, porque son áreas ricas en presas y dinámicas biológicas.
Esa coincidencia abrió una posibilidad inesperada. Si los tiburones ya recorren las zonas donde los científicos necesitan más observaciones, sus desplazamientos pueden transformarse en una fuente complementaria de información. Los sensores adheridos a sus cuerpos registran temperatura y profundidad mientras nadan, y esos datos pueden transmitirse casi en tiempo real.
Como ocurre con algunos avances que también despiertan interés en medios como Kotaku por su mezcla de tecnología, naturaleza y sorpresa, la innovación no estuvo en inventar un dispositivo completamente nuevo. Estuvo en mirar de otra manera una tecnología que ya existía: los tags satelitales usados para estudiar el comportamiento animal.
Diecinueve tiburones y miles de datos bajo el mar
El equipo, liderado por Laura H. McDonnell, de la Escuela Rosenstiel de Ciencias Marinas, Atmosféricas y de la Tierra de la Universidad de Miami, trabajó con 18 tiburones azules y un tiburón mako de aleta corta en el Atlántico Noroeste. En total, los animales transmitieron más de 8.200 perfiles de temperatura y profundidad, algunos registrados a casi 2.000 metros.
Esos perfiles permitieron construir una imagen más precisa de regiones difíciles de medir con boyas, satélites o barcos. Los satélites observan la superficie, pero no siempre pueden mostrar lo que ocurre en profundidad. Las boyas, por su parte, no cubren todo el océano. Los tiburones, en cambio, atraviesan capas distintas de agua mientras siguen sus rutas naturales.
Un subconjunto de esos datos fue incorporado a un modelo climático estacional utilizado en aplicaciones de pronóstico de la NOAA. Después, los investigadores compararon los resultados con modelos tradicionales y detectaron mejoras importantes, especialmente en zonas costeras y plataformas continentales.
Una ayuda inesperada para la predicción climática
El resultado más llamativo fue la reducción de errores en determinadas regiones, con mejoras de hasta el 40% en casos específicos. Esto no significa que los tiburones vayan a reemplazar los sistemas convencionales de observación oceánica, pero sí que pueden complementar una red de medición que todavía tiene puntos ciegos.
La propia McDonnell remarcó que los animales etiquetados no sustituyen a boyas, satélites ni barcos científicos. Su valor está en aportar datos in situ, tanto en superficie como en profundidad, justo en lugares donde la dinámica del océano cambia rápido y los modelos suelen ser menos precisos.
El estudio también marca un precedente importante: es el primero que integra de forma experimental datos recopilados por animales en un modelo climático estacional y mide su impacto en los pronósticos. Lo que hoy aparece como una prueba de concepto podría convertirse, en el futuro, en parte de una estrategia más amplia para observar el océano.
Así, el tiburón azul deja de ser solo un símbolo de misterio y peligro. En un planeta donde el clima depende cada vez más de entender lo que sucede bajo la superficie marina, estos depredadores pueden aportar una ventaja inesperada: conocen las zonas ciegas del océano porque llevan millones de años recorriéndolas.
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