La mayor parte de la actividad volcánica de la Tierra ocurre bajo el mar, lejos de la vista humana y de muchos sistemas de vigilancia. Por eso, buena parte del mapa volcánico del planeta sigue incompleto.

Ahora, un equipo de investigadores de Francia, Canadá, Singapur y Australia dio un paso importante: identificó 73 calderas volcánicas submarinas que no estaban registradas. Lo hizo con ayuda de un algoritmo de inteligencia artificial originalmente diseñado para buscar cráteres en Marte.

Una herramienta espacial aplicada al océano

El algoritmo fue adaptado para analizar datos batimétricos, es decir, mapas del relieve del fondo marino. A partir de la base global GEBCO 2023, los científicos rastrearon depresiones circulares alrededor de más de 43.000 montes submarinos.

El sistema detectó inicialmente más de 87.000 posibles estructuras. Después de aplicar filtros automáticos y una revisión manual, la lista se redujo a 78 calderas probables. Cinco ya eran conocidas; las otras 73 no habían sido documentadas.

El hallazgo aumenta de forma significativa el inventario global de estas estructuras.

Por qué importan las calderas submarinas

Una caldera volcánica se forma cuando un volcán vacía parte de su cámara de magma y el terreno colapsa, dejando una gran depresión. Bajo el mar, estas estructuras pueden pasar desapercibidas durante décadas.

Pero no son inofensivas. Algunas calderas submarinas pueden generar erupciones explosivas, deslizamientos, tsunamis y ondas de presión. La erupción de Hunga Tonga-Hunga Ha’apai en 2022 mostró hasta qué punto un volcán submarino puede tener efectos globales.

Un mapa que todavía está incompleto

El estudio no pretende ser un inventario definitivo. Los propios investigadores advierten que la resolución de los mapas del fondo oceánico sigue siendo limitada y que muchas estructuras irregulares o erosionadas pueden escapar al algoritmo.

Aun así, el método ofrece una base reproducible para seguir buscando. También permite señalar zonas prioritarias para futuras exploraciones con vehículos submarinos autónomos y mapas de mayor resolución.

El descubrimiento recuerda algo importante: conocemos mejor la superficie de otros planetas que muchas partes del fondo oceánico. Y en esas profundidades todavía pueden esconderse volcanes capaces de cambiar la forma en que entendemos los riesgos naturales del planeta.

Fuente: Infobae.

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