Septiembre tiene algo de segundo enero. Terminan las vacaciones, cambian los horarios, vuelven las obligaciones y de repente aparecen las ganas de anotarse al gimnasio, empezar una dieta, ordenar las finanzas o recuperar todos aquellos hábitos que quedaron suspendidos durante el verano.
No parece ser simplemente una cuestión cultural.
Desde hace años, psicólogos y especialistas en economía conductual estudian un fenómeno conocido como “efecto del nuevo comienzo”, según el cual determinados momentos del calendario pueden aumentar nuestra disposición a perseguir objetivos personales.
La idea fue documentada en 2014 por Hengchen Dai, Katherine Milkman y Jason Riis, quienes comprobaron que las búsquedas de “dieta” en Google, las visitas a gimnasios y los compromisos relacionados con objetivos personales aumentaban después de hitos temporales como el comienzo de una semana, un mes, un año, un semestre, un cumpleaños o determinadas festividades.
Nuestro cerebro divide la vida en capítulos
Aunque el tiempo avance de manera continua, no solemos experimentarlo de esa forma.
Mentalmente construimos capítulos: “antes de las vacaciones”, “este año”, “desde que cumplí 30”, “cuando empiece septiembre”.
Los investigadores denominan hitos temporales a aquellas fechas que sobresalen del flujo cotidiano y funcionan como fronteras psicológicas.
Ese límite ayuda a separar nuestro presente de versiones anteriores de nosotros mismos. Los errores, la falta de ejercicio o las semanas de desorganización pueden quedar asociados a un “yo pasado”, mientras que el nuevo periodo ofrece la sensación de empezar nuevamente.
Es una especie de borrón y cuenta nueva psicológico.
No significa que la personalidad cambie de un día para otro, pero esa separación puede aumentar temporalmente la motivación para acercarnos a la persona que queremos ser.

Por qué septiembre funciona tan bien
Septiembre reúne varias características que pueden convertirlo en un hito especialmente potente.
Para muchas personas significa regresar de vacaciones, retomar el trabajo o los estudios y reconstruir prácticamente toda la rutina: cambian los horarios para levantarse, las comidas, el transporte, las actividades familiares y el tiempo disponible.
Ese contexto genera una oportunidad particularmente buena para introducir nuevos comportamientos porque los hábitos anteriores ya están siendo alterados de todas formas.
En lugar de intentar incorporar tres días de gimnasio dentro de una rutina completamente estable, septiembre puede obligarnos a diseñar nuevamente nuestra semana desde cero.
La sensación subjetiva es sencilla: “ahora empieza otra etapa”.
Los gimnasios no son el único ejemplo
El efecto del nuevo comienzo aparece en ámbitos muy diferentes.
El trabajo original de 2014 encontró aumentos en búsquedas relacionadas con dietas, asistencia al gimnasio y decisiones destinadas a perseguir objetivos personales después de determinados hitos.
Un experimento posterior mostró que incluso puede utilizarse para modificar decisiones financieras.
Más de 6.000 empleados de cuatro universidades estadounidenses recibieron la posibilidad de aumentar sus aportes a un plan de jubilación.
Cuando la opción futura se presentaba vinculada con una fecha significativa —por ejemplo, “después de tu próximo cumpleaños” o “después del primer día de primavera”— las personas tenían más probabilidades de elegirla que cuando exactamente la misma fecha era presentada simplemente como “dentro de dos meses”.
Además, quienes recibieron ese encuadre terminaron aumentando sus aportes acumulados durante los ocho meses posteriores.

Pero septiembre también tiene una trampa
Existe una cara menos favorable del fenómeno.
Saber que se aproxima un nuevo comienzo puede convertirse en una excusa para hacer menos esfuerzo ahora.
Un estudio publicado en 2020 encontró que, cuando las personas anticipan un hito futuro, pueden delegar psicológicamente la responsabilidad en su “yo futuro”.
Algo parecido a pensar: “en septiembre empiezo en serio”.
Ese razonamiento puede llevar a abandonar temporalmente hábitos que ya estaban en marcha porque confiamos demasiado en que nuestra versión futura tendrá más motivación, disciplina y fuerza de voluntad.
El impulso inicial no garantiza que el hábito sobreviva
Y ahí está la principal limitación.
Un hito temporal puede facilitar el primer paso, pero no mantiene automáticamente una conducta durante meses.
La motivación extraordinaria de principios de septiembre irá desapareciendo a medida que los días vuelvan a sentirse normales.
Para que el cambio continúe, el nuevo hábito necesita convertirse en algo sostenible: horarios concretos, objetivos realistas, pocas barreras para empezar y cierta repetición.
Septiembre puede ayudar a abrir la puerta.
Pero, como ocurre cada enero, cruzarla una vez es bastante más fácil que seguir entrando durante todo el año.
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