Durante décadas, el tigre de Tasmania fue presentado como uno de los ejemplos más espectaculares de evolución convergente. Su cuerpo, sus cuatro patas y especialmente su cabeza recordaban tanto a los cánidos que incluso su nombre científico, Thylacinus cynocephalus, puede traducirse aproximadamente como “cabeza de perro”.

Pero aquella semejanza externa podría haber ocultado un depredador bastante diferente.

Un equipo encabezado por Vera Weisbecker, de la Universidad Flinders, comparó el cráneo del tilacino con el de 60 especies pertenecientes a 14 familias de mamíferos carnívoros y descubrió una combinación anatómica que no aparece claramente en ningún depredador mamífero vivo.

Una cabeza enorme para un animal relativamente pequeño

Uno de los resultados más llamativos tiene que ver con el tamaño absoluto del cráneo.

El tilacino pesaba alrededor de 17 kilos, pero su cabeza alcanzaba dimensiones semejantes a las de animales considerablemente mayores, como el lobo gris, el perro salvaje africano, el puma o el leopardo, algunos de ellos con masas corporales de entre 25 y más de 60 kilos.

Al mismo tiempo, su hocico era largo, alto y relativamente estrecho. Esa combinación resulta poco habitual porque los depredadores especializados en someter presas grandes suelen necesitar cráneos robustos capaces de resistir torsiones intensas, mientras que los hocicos más delicados y alargados aparecen con frecuencia en cazadores de animales pequeños y rápidos.

El tilacino reunía ambas características: una cabeza enorme y un hocico sorprendentemente grácil.

El cráneo del tigre de Tasmania revela una extraña forma de cazar sin equivalente entre los mamíferos actuales
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Mordiscos rápidos y de alto impacto

La biomecánica ofrece una posible explicación.

Una mandíbula larga permite que su extremo alcance una mayor velocidad al cerrarse. A cambio, suele ser menos resistente frente a las fuerzas producidas por una presa grande que se retuerce entre los dientes.

Los investigadores plantean que el enorme tamaño del cráneo del tilacino pudo compensar parcialmente esa fragilidad, proporcionando una mayor cantidad de hueso y musculatura capaz de absorber el impacto.

En lugar de sujetar durante largos periodos a grandes animales mediante una mordida extremadamente robusta, como pueden hacer algunos cánidos, el tilacino podría haber utilizado cierres rápidos de la mandíbula para golpear y perforar con sus caninos, especialmente durante la captura de presas ágiles.

Una extraña “roseta” alrededor de los caninos

Hay además una característica todavía más particular.

La región del hocico donde se encontraban los caninos se ensanchaba antes de volver a estrecharse inmediatamente detrás. Los autores denominan a esta estructura “roseta terminal”.

Esta expansión habría aumentado la cantidad de tejido óseo alrededor de los grandes caninos, ayudando potencialmente a soportar las fuerzas producidas durante esos mordiscos rápidos.

Entre los animales analizados, una estructura parecida solo apareció de forma clara en una reconstrucción tridimensional de Andrewsarchus mongoliensis, un gigantesco mamífero extinto que vivió durante el Eoceno.

Los autores también señalan que combinaciones semejantes de mandíbulas largas y ataques rápidos aparecen en algunos depredadores no mamíferos, aunque esto no significa que el tilacino cazara exactamente como ellos.

Un enorme agujero que podría esconder otra adaptación

El cráneo guarda además otra peculiaridad: poseía forámenes infraorbitarios excepcionalmente grandes, unos orificios situados debajo de los ojos por los que pasan nervios y vasos sanguíneos hacia distintas zonas de la cara.

Su tamaño podría indicar una sensibilidad especialmente desarrollada alrededor del hocico y los labios, algo potencialmente útil para colocar los caninos con precisión durante un ataque.

Sin embargo, aquí los investigadores son mucho más prudentes. Al no existir tejidos blandos conservados ni disecciones completas que permitan conocer exactamente qué estructuras atravesaban esos orificios, su función concreta continúa siendo una incógnita.

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Parecía un lobo, pero probablemente no cazaba como uno

El hallazgo cambia la imagen tradicional del tilacino como una especie de “lobo marsupial”.

Su cráneo sí comparte características con los cánidos, pero el nuevo análisis demuestra que esas semejanzas están mezcladas con rasgos propios de los marsupiales y con adaptaciones que no aparecen juntas en ningún carnívoro mamífero vivo.

Esa diferencia también tiene una dimensión histórica. Su parecido con lobos y perros ayudó a consolidar entre los colonos europeos la idea de que el tilacino era un peligroso depredador de ovejas, contribuyendo a una persecución que aceleró su desaparición. El último ejemplar conocido murió en cautividad en 1936.

Con él no desapareció simplemente otra especie australiana. Se extinguió el último representante de un linaje de grandes marsupiales carnívoros con más de 30 millones de años de historia evolutiva y, según este nuevo estudio, posiblemente también una forma de utilizar el cráneo para cazar que ya no sobrevive entre los mamíferos actuales.

Fuente: MuyInteresante.

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