Apenas llegan al mundo, los bebés ya parecen haber aprendido algo del idioma que los rodeará. Mucho antes de pronunciar una palabra, e incluso antes de nacer, su sistema auditivo puede captar algunos de los elementos más básicos del habla humana: el ritmo, la melodía y los cambios de tono.
Una de las demostraciones más llamativas apareció en 2009, cuando investigadores de la Universidad de Würzburg, en Alemania, compararon los llantos de recién nacidos franceses y alemanes. Descubrieron que, aunque todos lloraban por las mismas razones básicas —hambre, incomodidad o necesidad de atención—, la melodía de esos sonidos no era exactamente igual.
Los bebés franceses tendían a producir llantos que comenzaban en tonos relativamente bajos y aumentaban hacia el final. Los alemanes, en cambio, mostraban con mayor frecuencia el patrón contrario: empezaban más agudos y terminaban descendiendo.
La diferencia parecía reproducir, de manera muy elemental, la prosodia característica de los idiomas que habían escuchado dentro del útero.

60 recién nacidos y miles de llantos analizados
El experimento incluyó 30 bebés franceses y 30 alemanes, todos de entre dos y cinco días de vida. Los investigadores registraron sus llantos espontáneos evitando situaciones relacionadas con dolor y posteriormente utilizaron programas de análisis acústico para estudiar su frecuencia fundamental y la posición del punto más agudo de cada vocalización.
El patrón resultó estadísticamente claro. En los recién nacidos franceses, el pico de frecuencia aparecía generalmente más tarde, produciendo una melodía ascendente. En los alemanes tendía a aparecer antes, generando un contorno descendente.
Los investigadores relacionaron esa diferencia con el idioma escuchado durante el embarazo. El francés suele presentar determinadas unidades prosódicas con una elevación hacia el final, mientras que en alemán son frecuentes patrones descendentes.
Eso no significa que un bebé conozca francés o alemán antes de nacer ni que comprenda palabras. Lo que parece reconocer son las propiedades musicales del habla.
El aprendizaje comienza dentro del útero
La explicación está en el desarrollo del oído fetal. Durante la última parte del embarazo, el sistema auditivo ya permite detectar sonidos procedentes del exterior, aunque estos llegan amortiguados por los tejidos maternos y el líquido que rodea al feto.
Las consonantes, las palabras y muchos detalles del lenguaje pierden claridad, pero las características de baja frecuencia atraviesan mejor esa barrera. Entre ellas están precisamente el ritmo, la duración y las variaciones de entonación de la voz materna.
Después de varias semanas expuesto repetidamente a ese patrón sonoro, el recién nacido podría haber desarrollado cierta sensibilidad hacia él. El llanto sería entonces una de las primeras oportunidades para reproducir algunas de esas características utilizando su propia voz.
La investigación encaja además con otros experimentos que han mostrado que los recién nacidos pueden reconocer la voz de su madre y mostrar preferencias por sonidos o patrones lingüísticos escuchados durante el embarazo.
No todos los bebés lloran igual
Los científicos advierten, sin embargo, que se trata de tendencias observadas en grupos, no de una regla que permita identificar la nacionalidad de un bebé escuchándolo llorar. Un recién nacido francés puede producir perfectamente un llanto descendente y uno alemán uno ascendente.
Tampoco puede decirse que los bebés “hablen” antes de nacer. Lo que el estudio muestra es algo más sutil: la experiencia prenatal puede influir en la forma en que utilizan su voz apenas llegan al mundo.
Antes de entender una palabra, formar una frase o incluso aprender a controlar conscientemente sus sonidos, el cerebro ya habría comenzado a familiarizarse con la melodía del idioma que lo rodea. El primer llanto de un bebé, por tanto, podría contener una pequeña huella sonora de los meses que pasó escuchando voces desde dentro del útero.
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