El verano no termina cuando se pone el sol. Cada vez más ciudades están comprobando que las temperaturas nocturnas también están aumentando, hasta el punto de convertir las llamadas noches tropicales en un fenómeno habitual durante los meses más cálidos.
Se considera noche tropical aquella en la que la temperatura mínima no baja de los 20 ºC. Y su frecuencia lleva décadas aumentando en Europa. En 2024, por ejemplo, el continente registró el segundo mayor número de noches tropicales desde que existen registros comparables.
Las proyecciones indican que el fenómeno seguirá intensificándose durante las próximas décadas, especialmente en el sur de Europa. Pero hay un lugar donde el problema puede resultar todavía más acusado: las grandes ciudades.

Las ciudades funcionan como enormes baterías de calor
La explicación está en buena medida en el conocido efecto isla de calor urbana.
Durante el día, materiales como el asfalto, el hormigón y el ladrillo absorben grandes cantidades de energía solar. Cuando llega la noche, las zonas rurales pueden enfriarse relativamente rápido, pero los edificios y las calles de las ciudades continúan liberando lentamente toda la energía almacenada.
Esto provoca que las temperaturas nocturnas urbanas permanezcan considerablemente por encima de las de sus alrededores.
A esa acumulación se añaden otras fuentes de calor, como el tráfico, la actividad industrial y los sistemas de aire acondicionado, que expulsan al exterior parte del calor extraído de los edificios.
La Agencia Europea de Medio Ambiente advierte precisamente de que las zonas urbanas son especialmente vulnerables al aumento del estrés térmico debido a este efecto.
El problema de una noche calurosa no termina en dormir mal
Una temperatura elevada durante la madrugada impide que el organismo disponga de una pausa suficiente después del calor acumulado durante el día.
No existe una temperatura universal por debajo de la cual todas las personas necesiten dormir, pero sí está bien establecido que las noches persistentemente cálidas dificultan la recuperación del estrés térmico y pueden empeorar la calidad del descanso.
Copernicus señala que esta falta de enfriamiento nocturno tiene consecuencias especialmente importantes para personas mayores, niños y otros grupos vulnerables.
Además, el calor extremo puede agravar enfermedades cardiovasculares y respiratorias y aumentar las hospitalizaciones y la mortalidad asociada a episodios de altas temperaturas.
Las noches tropicales ya están aumentando en Europa
El problema tampoco pertenece únicamente al futuro.
Desde la década de 1980, el número de noches tropicales ha aumentado en Europa, aunque de forma desigual según la región. Las proyecciones de la Agencia Europea de Medio Ambiente muestran que el sur del continente podría alcanzar hasta unas 100 noches tropicales anuales hacia finales de siglo bajo un escenario de emisiones elevadas.
Y esas estimaciones ni siquiera incorporan completamente el efecto de isla de calor urbana, que puede elevar todavía más las temperaturas nocturnas dentro de las ciudades.
Investigaciones recientes también muestran que las temperaturas mínimas de las noches más cálidas están aumentando con rapidez a escala mundial.
El reto será enfriar las ciudades, no solo las viviendas
Eliminar por completo estas noches será difícil mientras continúe aumentando la temperatura global, pero las ciudades sí pueden reducir parte del problema.
Más vegetación y árboles, superficies que reflejen mejor la radiación solar, reducción del asfalto innecesario, zonas de sombra y edificios diseñados para disipar mejor el calor pueden limitar el efecto isla térmica.
La cuestión ya no es únicamente soportar días cada vez más calurosos. El verdadero cambio está en que las ciudades empiezan a perder también las horas nocturnas que tradicionalmente permitían enfriarse.
Y cuando el calor permanece las 24 horas, deja de ser simplemente una molestia veraniega para convertirse en un problema de salud pública.
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