Tres pequeños fragmentos de hueso encontrados en Atapuerca están ayudando a reconstruir cómo era la cabeza de una de las especies humanas más importantes del Pleistoceno europeo.
Investigadores del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) han analizado tres fragmentos parietales pertenecientes a adultos de Homo antecessor recuperados en el nivel TD6 de la Gran Dolina, en Burgos. El estudio, publicado en Journal of Human Evolution, proporciona por primera vez datos cuantitativos del grosor craneal adulto de esta especie.
Su cráneo era más parecido al nuestro de lo que podría parecer
Los fragmentos, identificados como ATD6-115, ATD6-128 y ATD6-401, corresponden al menos a dos individuos adultos y posiblemente a tres.
Hasta ahora, el único hueso parietal de Homo antecessor estudiado detalladamente pertenecía a un individuo juvenil y había sido descrito en 2017.
Los nuevos análisis muestran que el grosor total de la bóveda craneal se encuentra dentro del rango observado en humanos modernos y neandertales.
La diferencia aparece al compararlo con especies más antiguas: el cráneo de Homo antecessor resulta claramente más delgado que el de Homo erectus y otros homininos del Pleistoceno inferior.
Una microtomografía permitió observar el hueso capa por capa
Para estudiar fragmentos tan pequeños sin dañarlos, los investigadores utilizaron microtomografía computarizada de alta resolución.
Esta técnica permite reconstruir digitalmente el interior del hueso y separar las tres capas que forman la bóveda craneal: la tabla externa, la díploe y la tabla interna.
El equipo estableció diferentes puntos de medición sobre cada fragmento para determinar no solo cuánto medía el hueso completo, sino cómo se repartía ese grosor entre sus distintas capas.

La parte esponjosa ocupa hasta la mitad del cráneo
La díploe, el tejido esponjoso situado entre las dos capas compactas del hueso, resultó ser la más gruesa.
Representaba aproximadamente entre el 41% y el 50% del grosor total, una proporción semejante a la observada tanto en neandertales como en Homo sapiens.
Sin embargo, Homo antecessor presenta una combinación particular en las otras dos capas.
Su tabla externa es relativamente más fina, mientras que la tabla interna aparece proporcionalmente más gruesa que en neandertales y humanos actuales.
Esa combinación es precisamente lo que convierte el resultado en algo interesante desde el punto de vista evolutivo.
Una especie que combina rasgos antiguos y modernos
Homo antecessor fue definido a partir de los fósiles encontrados en Gran Dolina y se caracteriza desde hace años por presentar una anatomía en mosaico.
Algunos rasgos faciales y del neurocráneo muestran características más derivadas, mientras que otros elementos del esqueleto y de los dientes conservan aspectos más primitivos.
Actualmente se considera una población próxima a la raíz evolutiva común de los linajes que posteriormente darían lugar a neandertales y humanos modernos. El nuevo análisis del cráneo encaja con esa interpretación: su grosor se aproxima al de especies humanas posteriores, pero la distribución interna de las capas conserva una configuración propia.
Tres fragmentos todavía no son suficientes para cerrar el debate
Los investigadores insisten en que el resultado debe interpretarse con prudencia.
La muestra disponible continúa siendo muy pequeña y fragmentaria, por lo que un nuevo fósil podría modificar las proporciones observadas.
Precisamente por eso, las futuras campañas de excavación en Atapuerca serán importantes.
Cada nuevo fragmento craneal puede ayudar a completar algo que todavía conocemos solo parcialmente: cómo era realmente el cráneo de Homo antecessor y qué puede decirnos sobre el origen de los humanos europeos posteriores.
Fuente: Noticias de la Ciencia y la Tecnología.
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