¿Tener un gato puede afectar a la salud mental de un niño? La pregunta parece tener una respuesta inquietante después de que un estudio encontrara más problemas emocionales y conductuales en algunos menores que convivían con felinos.

Pero hay una diferencia enorme entre encontrar una asociación estadística y demostrar que el gato es la causa.

La investigación, basada en la cohorte española INMA y publicada en World Journal of Pediatrics, siguió a 1.893 niños de Asturias, Gipuzkoa, Sabadell y Valencia para analizar si tener diferentes mascotas durante los primeros años estaba relacionado con su comportamiento posteriormente.

El resultado solo apareció en un grupo muy concreto

Los investigadores registraron qué mascotas había en el hogar cuando los niños tenían aproximadamente un año y nuevamente a los 4-5 años. Después, a los 7-8 años, los padres completaron el cuestionario Strengths and Difficulties Questionnaire (SDQ).

Y aquí aparece el primer matiz importante.

La asociación con los gatos no se encontró en todos los niños que convivían con ellos. Apareció específicamente entre aquellos que no tenían gato al año de edad, pero sí a los 4-5 años.

En ese grupo se observó una razón de prevalencia aproximada de 1,37 para problemas internalizantes, una categoría que incluye síntomas relacionados con preocupación, tristeza o retraimiento, y de alrededor de 1,26-1,27 para problemas externalizantes, vinculados a dificultades de conducta.

Un estudio relacionó tener gato con más problemas emocionales en niños. El dato tiene una letra pequeña importante
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Un 37% más no significa que el 37% tenga ansiedad

Ese 1,37 es fácil de interpretar mal.

No significa que un 37% de los niños que tienen gato vaya a desarrollar ansiedad ni que la mascota aumente un 37% el riesgo individual de sufrir un trastorno.

Se trata de una comparación relativa entre grupos. Además, el SDQ utilizado en el estudio funciona como herramienta de cribado poblacional y no como diagnóstico clínico de ansiedad, depresión u otros trastornos.

Los investigadores tampoco encontraron una asociación estadísticamente significativa entre tener perro y peores resultados psicológicos. Eso, sin embargo, tampoco permite afirmar que los perros protejan la salud mental.

El gato podría ser simplemente una señal de otra cosa

El gran problema es que se trata de un estudio observacional.

Eso significa que puede detectar que dos circunstancias aparecen relacionadas, pero no establecer que una provoque la otra.

Una familia puede incorporar un gato durante esos años por multitud de razones: una mudanza, cambios familiares, necesidad de compañía o simplemente preferencia por una mascota que requiere una organización cotidiana distinta a la de un perro.

Algunos de esos factores familiares también podrían relacionarse independientemente con el bienestar emocional del niño. En ese caso, el gato sería un marcador del contexto y no la causa del efecto observado.

Un estudio relacionó tener gato con más problemas emocionales en niños. El dato tiene una letra pequeña importante
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Tampoco sabemos cómo convivía cada niño con el animal

“Tener un gato” engloba situaciones enormemente diferentes.

El estudio no pudo caracterizar en detalle cuánto interactuaba cada niño con el animal, la intensidad del vínculo, el temperamento del gato, posibles conflictos, alergias o la presencia de otras mascotas.

Además, los cuestionarios sobre comportamiento fueron respondidos por los propios padres, no mediante una evaluación clínica independiente.

Y hay otra aclaración importante: la investigación no estudió Toxoplasma gondii. Por tanto, utilizar la toxoplasmosis para explicar los resultados iría más allá de lo que los datos permiten afirmar.

El estudio no es una razón para sacar al gato de casa

La evidencia científica disponible sobre mascotas y bienestar infantil continúa siendo heterogénea: algunos estudios encuentran posibles beneficios, otros ninguna relación clara y algunos asociaciones diferentes según el animal, la edad y las condiciones familiares.

Por eso, este trabajo no demuestra que los gatos provoquen ansiedad, tristeza o problemas de conducta, y tampoco ofrece motivos científicos para retirar un felino de un hogar.

Lo interesante del estudio está precisamente en otro lugar: abre una pregunta que requerirá investigaciones más detalladas.

Porque encontrar que dos cosas ocurren juntas puede ser el comienzo de una investigación. No significa que una sea culpable de la otra.

Fuente: Muy Interesante

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