Hace millones de años, los océanos estaban habitados por enormes reptiles marinos capaces de capturar peces, moluscos y otros organismos acuáticos. Sin embargo, uno de los aspectos menos conocidos de estos depredadores es qué ocurría con las partes de sus presas que no podían digerir.
Ahora, una investigación publicada en la revista científica Geological Magazine aporta una posible respuesta gracias a un hallazgo inesperado: acumulaciones de vómito fosilizado conservadas en antiguos sedimentos marinos de Noruega.
Los científicos consideran que estos restos podrían pertenecer a plesiosaurios, reptiles marinos que convivieron con los dinosaurios y desarrollaron distintas estrategias para alimentarse bajo el agua.

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El sorprendente hallazgo de vómitos fosilizados del Jurásico
Los investigadores estudiaron unas estructuras conocidas como regurgitalitas, fósiles formados por restos alimenticios expulsados a través de la boca de un animal.
Estas acumulaciones fueron identificadas en muestras de perforación correspondientes a sedimentos del Jurásico Medio y Superior, procedentes de una región que antiguamente formaba parte de un ambiente marino poco profundo.
Los fósiles presentan formas redondeadas e irregulares, con tamaños que generalmente oscilan entre uno y diez centímetros, aunque algunos superan los 15 centímetros.
En su interior, los científicos identificaron fragmentos de conchas de bivalvos, tubos calcáreos de gusanos marinos, restos de crinoideos y estructuras duras de belemnitas, antiguos cefalópodos emparentados con los calamares.
La combinación sugiere que un depredador consumía estos organismos y posteriormente expulsaba las partes que no podía procesar.
Por qué los científicos sospechan de los plesiosaurios
Los principales candidatos son los criptoclídidos, un grupo de plesiosaurios de tamaño mediano que habitó los mares durante parte del Jurásico y el Cretácico.
Estos reptiles podían alcanzar varios metros de longitud y poseían numerosos dientes relativamente pequeños, adecuados para sujetar presas acuáticas.
A diferencia de otros depredadores, no estaban especialmente adaptados para triturar conchas resistentes.
Por eso, los investigadores plantean que podían ingerir organismos completos y acumular sus partes duras en el aparato digestivo antes de expulsarlas.
La hipótesis también encuentra respaldo en otros fósiles de plesiosaurios que conservaron contenido estomacal con fragmentos de invertebrados marinos.
Sin embargo, los científicos aclaran que todavía no es posible identificar con certeza al animal responsable de las regurgitalitas.

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Un comportamiento que también existe en animales actuales
La expulsión de restos alimenticios difíciles de digerir no es exclusiva de los animales prehistóricos.
Actualmente, numerosas aves regurgitan huesos, pelos y otras estructuras resistentes después de alimentarse. Algunos reptiles también pueden expulsar materiales que no logran procesar.
Los investigadores sugieren que un comportamiento comparable pudo haber ocurrido entre ciertos reptiles marinos del Jurásico.
Además, la ubicación de los fósiles plantea que estos animales podrían haber buscado alimento en ambientes marinos y expulsado los restos posteriormente en zonas de aguas menos profundas, cercanas a antiguos deltas.
Aunque esta reconstrucción sigue siendo una hipótesis, el descubrimiento proporciona información poco habitual sobre las relaciones alimentarias de los ecosistemas prehistóricos.
El hallazgo demuestra que incluso los restos de una comida expulsada hace millones de años pueden convertirse en una fuente extraordinaria de información sobre la vida en los océanos del Jurásico.
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