A unos 20 kilómetros de Managua, la capital de Nicaragua, se encuentra uno de los volcanes más estudiados de Centroamérica. El volcán Masaya, conocido por su actividad constante y su histórico lago de lava, acaba de revelar un comportamiento subterráneo mucho más complejo de lo que los científicos habían identificado.

Una investigación de la Universidad Estatal de Pensilvania descubrió indicios de dos depósitos de magma que se comportan de manera diferente bajo el volcán, una situación que podría cambiar la forma en que los especialistas interpretan su actividad.

El hallazgo, publicado en julio de 2026 en la revista Geophysical Research Letters, se basa en seis años de observaciones satelitales y ofrece nuevas herramientas para comprender los riesgos volcánicos en una región donde viven aproximadamente dos millones de personas.

Los satélites descubrieron movimientos inesperados bajo el volcán

Para investigar lo que sucede bajo Masaya, los científicos analizaron imágenes obtenidas por los satélites Sentinel-1 entre enero de 2018 y febrero de 2024.

Utilizaron una tecnología conocida como interferometría de radar de apertura sintética, o InSAR, que permite detectar pequeñísimas deformaciones de la superficie terrestre desde el espacio.

Esta técnica resulta especialmente útil en regiones tropicales porque el radar puede obtener mediciones incluso cuando las nubes dificultan las observaciones convencionales.

Los resultados mostraron un patrón inesperado.

Entre 2018 y mediados de 2022, una zona de la caldera registró movimientos compatibles con el hundimiento del terreno. Sin embargo, durante los años siguientes comenzó a mostrar señales de elevación.

Según los investigadores, este cambio podría indicar que un depósito subterráneo perdió magma inicialmente y después comenzó a recibir nuevo material procedente de mayores profundidades.

Un volcán cerca de una capital esconde algo inesperado: los satélites revelan qué ocurre bajo tierra
Photovolcanica – Youtube.

Dos depósitos de magma que parecen comportarse de manera independiente

Lo más sorprendente apareció cuando el equipo analizó el cráter Santiago, una de las zonas más activas del complejo volcánico.

Mientras la región central de la caldera comenzó a elevarse, el terreno alrededor del cráter continuó mostrando señales de hundimiento durante los seis años estudiados.

Esta diferencia llevó a los investigadores a plantear la existencia de dos depósitos de magma distintos.

Los modelos sitúan uno de ellos a aproximadamente 3.200 metros de profundidad, cerca del centro de la caldera, y otro mucho más superficial, a unos 200 metros bajo el cráter Santiago.

El depósito profundo habría experimentado una recuperación de presión, mientras que el más superficial continuaba perdiendo volumen.

Esto sugiere que el sistema de conductos que transporta el magma hacia la superficie es más complejo de lo que indicaban las interpretaciones anteriores.

¿Existe riesgo de una nueva erupción?

Aunque el descubrimiento resulta importante, los investigadores aclararon que sus observaciones no identifican una amenaza eruptiva inmediata.

El volcán Masaya mantiene una actividad conocida por sus emisiones de gases, especialmente dióxido de azufre, que pueden representar riesgos para la salud y requieren vigilancia constante.

Sin embargo, detectar movimientos de magma no significa necesariamente que una erupción esté por producirse.

Lo verdaderamente importante es que los científicos ahora cuentan con información más detallada sobre cómo cambia el interior del volcán.

Un descubrimiento que podría mejorar la vigilancia volcánica

Comprender el funcionamiento de estos depósitos permitirá identificar con mayor precisión futuras deformaciones que se aparten de los patrones habituales.

Además, las técnicas satelitales utilizadas podrían aplicarse a otros volcanes activos del mundo, especialmente aquellos situados cerca de ciudades densamente pobladas.

El estudio demuestra que incluso los volcanes vigilados durante décadas pueden esconder estructuras y procesos que todavía no comprendemos completamente.

Por ahora, Masaya no muestra en esta investigación señales de una catástrofe inminente. Pero su comportamiento recuerda por qué observar los volcanes desde el espacio se ha convertido en una herramienta fundamental para anticipar posibles peligros y proteger a las comunidades cercanas.

Fuente: Meteored.

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