Bajo el Parque Nacional Yellowstone existe uno de los sistemas volcánicos más famosos y estudiados del planeta. Hace unos 631.000 años produjo una gigantesca erupción que formó la actual caldera de Yellowstone, de aproximadamente 55 por 80 kilómetros.

Desde entonces ha habido numerosas erupciones menores; la actividad volcánica más reciente conocida ocurrió hace unos 70.000 años. Pero imaginemos el escenario extremo: ¿qué ocurriría si Yellowstone produjera hoy otra erupción formadora de caldera?

El mayor problema no terminaría cuando dejara de caer ceniza. Podría comenzar entonces.

Las primeras horas serían devastadoras

Una erupción de esta magnitud produciría enormes flujos piroclásticos, mezclas extremadamente calientes de gases, ceniza y fragmentos de roca capaces de desplazarse rápidamente alrededor del volcán. Grandes cantidades de ceniza serían expulsadas a la atmósfera y podrían extenderse por amplias regiones de Norteamérica.

Carreteras, aeropuertos y redes eléctricas podrían sufrir interrupciones. La ceniza acumulada también afectaría edificios, sistemas de agua, maquinaria y explotaciones agrícolas.

Pero Yellowstone no tendría que cubrir todo el planeta de ceniza para convertirse en un problema mundial.

Una erupción suficientemente grande podría introducir gases volcánicos en las capas altas de la atmósfera. Allí, el dióxido de azufre puede transformarse en aerosoles que reflejan parte de la radiación solar y producen un enfriamiento temporal del clima.

El precedente de 1816: el año sin verano

La historia ya ofrece una versión mucho menor de este escenario.

En abril de 1815, el volcán Tambora, en Indonesia, protagonizó la mayor erupción volcánica documentada históricamente. Sus consecuencias climáticas contribuyeron a convertir 1816 en el célebre “año sin verano”.

Las temperaturas descendieron y se produjeron anomalías meteorológicas severas en partes de Europa y Norteamérica. En Nueva Inglaterra hubo heladas durante el verano y las malas cosechas contribuyeron a provocar escasez de alimentos.

Una gran erupción de Yellowstone también podría provocar cambios climáticos durante años o incluso décadas, según el USGS. La magnitud exacta del enfriamiento, sin embargo, dependería de factores como la cantidad de azufre liberada, la duración de la erupción y la circulación atmosférica.

El verdadero problema estaría en nuestros platos

Una caída significativa de las temperaturas y de la radiación solar durante varias temporadas agrícolas podría reducir las cosechas en distintas partes del mundo.

Ese es uno de los aspectos más preocupantes de una gran erupción volcánica en una sociedad de miles de millones de personas conectada por cadenas internacionales de suministro.

Menos producción podría traducirse en aumento de los precios, restricciones a las exportaciones y escasez en las regiones más dependientes de las importaciones.

El precedente de Tambora demuestra que incluso una erupción mucho menor que las grandes explosiones prehistóricas de Yellowstone puede relacionarse con malas cosechas y crisis alimentarias. Estudios climáticos siguen utilizando 1816 precisamente para investigar qué podría ocurrir si una gran erupción volviera a alterar el clima mundial.

Pero Yellowstone no es una bomba de tiempo

Aquí aparece una aclaración fundamental: no existen indicios de que una supererupción de Yellowstone sea inminente.

Tampoco es correcto afirmar que el volcán está “atrasado”.

Yellowstone produjo tres grandes erupciones formadoras de caldera durante los últimos 2,1 millones de años, pero los volcanes no funcionan siguiendo un calendario. El USGS incluso señala que los científicos no pueden asegurar que Yellowstone vaya a producir otra erupción catastrófica en el futuro.

A partir de los intervalos entre aquellas tres erupciones puede obtenerse una estimación matemática aproximada de 1 posibilidad entre 730.000 cada año, alrededor del 0,00014 %. Pero el propio USGS advierte que esa cifra se basa en apenas dos intervalos geológicos y no debe interpretarse como una predicción fiable.

De hecho, desde la última gran erupción Yellowstone ha producido decenas de eventos volcánicos mucho menores.

Por eso, la imagen de Yellowstone como una bomba que inevitablemente explotará no coincide con lo que sabemos científicamente.

El escenario extremo sigue siendo útil por otra razón: muestra hasta qué punto una civilización globalizada depende de un clima relativamente estable y de cosechas producidas a miles de kilómetros de quienes finalmente las consumen.

Una supererupción no tendría que acabar con la humanidad para cambiar el mundo. Bastaría con alterar durante algunos años algo mucho más cotidiano y esencial: la capacidad de producir suficiente comida.

Fuente: Meteored.

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