Cuarenta años después del accidente nuclear de Chernóbil, ocurrido el 26 de abril de 1986, los científicos siguen descubriendo consecuencias inesperadas de uno de los mayores desastres ambientales de la historia.

Esta vez, los protagonistas son los perros que viven cerca de la antigua central nuclear ucraniana, descendientes de animales que sobrevivieron a la evacuación y al abandono de la región.

Un estudio publicado en septiembre de 2026 en la revista científica Genes analizó el ADN de 63 perros y encontró señales genéticas compatibles con procesos de selección natural.

Los investigadores identificaron regiones del genoma relacionadas con mecanismos fundamentales como la reparación del ADN, la respuesta inmunitaria, la supervivencia celular y determinados procesos asociados con el cáncer.

El descubrimiento plantea una pregunta fascinante: ¿estos animales desarrollaron características que favorecieron su supervivencia en un entorno contaminado?

Dos poblaciones separadas por apenas 16 kilómetros

La investigación comparó 33 perros que viven cerca de la central nuclear con otros 30 que habitan en la ciudad de Chernóbil, situada aproximadamente a 16 kilómetros.

A pesar de la escasa distancia, los científicos encontraron diferencias genéticas importantes entre ambas poblaciones.

Esta separación ya había sido identificada en investigaciones anteriores, pero todavía no estaba claro qué procesos evolutivos podían explicarla.

Una de las primeras hipótesis apuntaba a que la exposición prolongada a la radiación había provocado una acumulación de mutaciones.

Sin embargo, un estudio publicado en diciembre de 2024 no encontró evidencias de que los perros cercanos a la central presentaran tasas de mutación superiores a las de sus vecinos.

Esto llevó a los investigadores a explorar otras explicaciones.

Los perros de Chernóbil evolucionaron de forma inesperada: su ADN revela cambios que desconciertan a los científicos
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La selección natural podría explicar las diferencias

El equipo, encabezado por Megan Dillon, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, examinó dos mecanismos evolutivos: la deriva genética y la selección natural.

La deriva genética produce cambios aleatorios en las frecuencias de las variantes genéticas, especialmente en poblaciones pequeñas.

La selección natural, en cambio, favorece determinadas características hereditarias cuando contribuyen al éxito reproductivo.

Los resultados mostraron señales compatibles con selección positiva en diferentes regiones del ADN.

Algunas se encuentran próximas a genes relacionados con la reparación celular, la regulación del sistema inmunitario y la respuesta frente al daño genético.

Los investigadores también compararon las poblaciones de Chernóbil con perros de las islas Galápagos para evaluar si el aislamiento podía explicar sus diferencias.

Los resultados sugieren que la selección natural podría haber desempeñado un papel importante en la evolución de los animales próximos a la central.

¿Los perros se volvieron resistentes a la radiación?

Aunque el descubrimiento resulta sorprendente, los científicos advierten que todavía no existen pruebas suficientes para afirmar que estos perros hayan desarrollado resistencia a la radiación.

Las diferencias genéticas podrían estar relacionadas con numerosos factores ambientales, como la alimentación, las enfermedades, otros contaminantes o las características originales de las poblaciones.

También es posible que algunos animales ya poseyeran variantes genéticas favorables antes del accidente y que estas se volvieran más frecuentes entre sus descendientes.

Por eso, identificar señales de selección natural no demuestra necesariamente que la radiación haya sido la responsable.

Un laboratorio natural para comprender la evolución

La zona de exclusión de Chernóbil se ha convertido en un escenario excepcional para estudiar cómo evolucionan las poblaciones animales expuestas durante generaciones a ambientes alterados.

Los científicos esperan que futuras investigaciones permitan determinar qué factores ambientales influyeron realmente en las diferencias genéticas observadas.

Además, comprender estos mecanismos podría aportar información sobre la respuesta de los organismos frente a diferentes contaminantes.

Por ahora, los perros de Chernóbil ofrecen una evidencia extraordinaria de cómo las poblaciones pueden cambiar a lo largo del tiempo, incluso en territorios marcados por una catástrofe nuclear.

La incógnita principal continúa abierta: qué papel tuvo realmente la radiación en su evolución.

Fuente: Infobae.

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