Pocas criaturas marinas tienen un aspecto tan peculiar como el tiburón duende (Mitsukurina owstoni). Su hocico largo y aplanado, su piel de tonalidad rosada y, sobre todo, unas mandíbulas capaces de proyectarse hacia delante le han valido durante años el poco favorecedor apodo de “tiburón más feo del mundo”.
Pero su apariencia es apenas una parte del misterio. Este animal vive en aguas tan profundas que los encuentros con ejemplares vivos son excepcionalmente raros y buena parte de lo que sabemos sobre la especie procede de individuos capturados accidentalmente por pescadores.
Ahora, nuevas observaciones realizadas en el Pacífico están permitiendo asomarse un poco más a su desconocida vida en las profundidades.
Un encuentro a unos 2.000 metros bajo el océano
Según un trabajo publicado en Journal of Fish Biology, investigadores consiguieron filmar un tiburón duende, aparentemente una hembra, a casi 2.000 metros de profundidad en la Fosa de Tonga, en el océano Pacífico.
El avistamiento resulta especialmente importante porque establece una nueva marca para la especie. Las imágenes amplían en aproximadamente 700 metros el récord de profundidad al que había sido documentada anteriormente y, al mismo tiempo, extienden su distribución conocida hacia una región del Pacífico donde existían muy pocas observaciones.
Hasta ahora, encontrar un tiburón duende vivo en su ambiente natural era algo extraordinario. La mayor parte de los ejemplares estudiados habían llegado a manos de los científicos después de quedar atrapados en redes o artes de pesca.
La utilización de vehículos submarinos operados a distancia está comenzando a cambiar esta situación, permitiendo observar a estos animales sin sacarlos de su entorno.

– Youtube.
Un “fósil viviente” con 125 millones de años de historia
El tiburón duende pertenece a un linaje extremadamente antiguo cuya historia evolutiva se remonta aproximadamente 125 millones de años.
Por esa razón suele ser descrito como un “fósil viviente”, aunque el término no significa que el animal haya permanecido completamente sin cambios durante todo ese tiempo. Lo que destaca es que pertenece a una rama evolutiva muy antigua y actualmente poco diversa.
Su anatomía también refleja una adaptación muy particular a la vida en aguas profundas. Su característica más espectacular es una mandíbula extensible que puede proyectarse rápidamente hacia delante para capturar presas.
A pesar de su llamativo aspecto, todavía existen enormes incógnitas sobre su comportamiento, reproducción, alimentación y movimientos.
Las profundidades siguen escondiendo animales que apenas conocemos
El nuevo registro se suma a otros encuentros recientes. Investigadores de la Universidad de Australia Occidental también habían conseguido observar un ejemplar vivo mediante un vehículo submarino teledirigido a unos 1.200 metros de profundidad cerca de la isla Jarvis, también en el Pacífico.
Alan Jamieson, uno de los investigadores involucrados en aquellas observaciones, reconoció que se trataba de una de esas criaturas de aguas profundas que nunca esperaba llegar a contemplar con vida.
Ese es precisamente el valor de estas imágenes. Más allá de su apariencia casi alienígena, el tiburón duende sirve como recordatorio de lo poco que todavía conocemos de los ecosistemas abisales.
Cada expedición capaz de alcanzar miles de metros bajo la superficie puede ampliar la distribución conocida de una especie, modificar sus récords de profundidad o incluso revelar comportamientos nunca observados.
Y en el caso del tiburón duende, después de más de 125 millones de años de historia evolutiva, los científicos apenas están empezando a descubrir cómo es realmente su vida en uno de los lugares más inaccesibles del planeta.
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